Ushuaia sobre el Canal de Beagle (17 K)

Fin del Mundo
La isla Grande de Tierra del Fuego, o simplemente Tierra del Fuego es un territorio donde resulta difícil distinguir lo que es mito de la realidad, la pura leyenda de la verdad objetiva.
Posiblemente sea esta incertidumbre, esta atmósfera de misterio, casi mágica que cubre la isla, la que atrae a tantos turistas. ¿Es posible que el Faro del Fin del Mundo deje de ser producto de la fantasía de Julio Verne, para convertirse allí en realidad? ¿Es imaginable que una apartada isla que fue habitada por aborígenes, buscadores de oro, presidiarios, misioneros y náufragos, resulte hoy día un encantador lugar lleno de rincones vírgenes y de gente afable y servicial? ¿Es posible que un archipiélago al que los mapas del siglo pasado describían como tierra australis incognita, esté en la actualidad al alcance de la mano, y se halla convertido en la puerta de entrada de la Antártida?
Tierra del Fuego es una isla separada del continente por un estrecho que une los Océanos Atlántico y Pacífico, descubierto en el año 1520 por Fernando de Magallanes, un navegante portugués al servicio de España que emprendió el primer viaje alrededor del mundo, y aunque el marino murió sin saberlo, constituyó la prueba irrefutable de la redondez de la tierra.
El límite sur de la isla, que la separa de los canales fueguinos y de la Antártida, lo marca el Canal de Beagle, nombre que hace referencia al barco con el que el famoso naturalista británico Charles Darwin, estudiara esta zona en 1831.
Fue el mismo Magallanes quién, al divisar gran cantidad de fogatas que quemaban día y noche en sus costas, bautizó la isla como Tierra del Fuego. Esos fuegos provenían en realidad de las grandes hogueras que encendían los indios yamanas, habitantes del sur de ese territorio, para combatir las frías temperaturas de la zona.
Conocidos como indios canoeros, esta tribu pasaba gran parte de sus días cazando y pescando sobre sus canoas, en las que también solían llevar un fuego encendido. Hacia el norte de la isla moraba otro grupo étnico, los onas o shelknam, que eran cazadores. Uno de los testimonios existentes más valiosos sobre los pobladores oiginales de la isla lo constituye un diccionario de la rica lengua yamana, escrito por el misionero protestante Thomas Bridges quién, junto a su familia, fue el primer habitante blanco estable en estas tierras. Bridges aprendió la lengua de los indios y demostró que era posible convivir pacíficamente con ellos.
Su hijo Lucas Bridges, nacido en Ushuaia en 1874, continuó el camino marcado por su padre, escribiendo sus experiencias con los indios onas y yamanas, en el fascinante libro testimonial “El último confín de la tierra”. Los descendientes de aquellos esforzados pioneros ocupan la
Estancia Haberton, en las afueras de Ushuaia, capital de la provincia de Tierra del Fuego, un lugar acogedor que permite al visitante conocer por dentro una estancia austral. Cuando el avión sobrevuela el Canal de Beagle comienza el contacto con el extraordinario paisaje fueguino. Ushuaia es la única ciudad de Argentina al oeste de la cordillera. Visitar el Museo del Fin del Mundo, a partir de los testimonios allí existentes, vivenciar el paso por esas tierras de las primitivas culturas aborígenes, de los sacrificados misioneros portadores de la palabra de Dios y de la civilización, de los esforzados colonos que contribuyeron a la construcción de los primeros poblados y a su crecimiento posterior, de buscadores de oro que persistieron en su intento hasta agotada la quimera, de antropólogos, naturalistas e investigadores que lograron interpretar las señales de la naturaleza y de la prehistoria, en este apartado rincón del planeta, de naufragios y de náufragos que se asentaron circunstancialmente en el lugar, y de tantos otros, que sin llegar a saberlo fueron protagonistas trascendentes de la historia de la isla.
Pero para quienes la denominación del Fin del Mundo cobraba verdadero sentido, era para los presidiarios, que cumplían largas y definitivas condenas en una cárcel de máxima seguridad y rigurosa disciplina, hoy desactivada y convertida en otra atracción turística.
Buena parte de la historia de Ushuaia está relacionada con este establecimiento carcelario. Con el correr del tiempo algunos de los presos eran ocupados en tareas urbanas y tras su rehabilitación muchos fueron los que se integraron y pasaron a formar parte de los habitantes libres de la ciudad. Adentrarse en el Parque Nacional de Tierra del Fuego, una reserva de la prodigiosa naturaleza isleña, constituye una de las mejores posibilidades de contactarse con sus distintas formas de manifestarse.
Situada a sólo 20 km de Ushuaia, esta reserva, atesora magníficos parajes vírgenes, lagos, arroyos, bosques y costas que es posible recorrer por senderos marcados. En el singular ecosistema de este parque se desarrollan los túrbales, especies de alfombras esponjosas, formados por descomposición de capas de vegetales acuáticos, helechos y musgos, acumulados en lo que fueran aguas pantanosas, actualmente en proceso de carbonización.
Es igualmente hábitat de una curiosa planta carnívora, la pequeña drosera unifora, que se alimenta de insectos vivos, gracias a sus tentadores frutos en los que las víctimas quedan pegadas hasta ser devoradas, singularidad que puede ser vista por los senderos de la Laguna Negra. Al parque se pude ingresar utilizando el Ferrocarril Austral Fueguino, un peculiar tren de trocha angosta, que hasta el año 1947 servía de translado a los presos ocupados en la tala de árboles, y cuyos troncos eran luego tranasportados hasta el aserradero de la prisión.
Otro paseo interesante (servicio de minibus $5) es el que lleva hasta el Glaciar Martial, ubicado a unos 10 km de la ciudad. Subiendo en aserosilla ($5), con las mejores vistas del canal Beagle, se arriba al camino que conduce, tras una hora de caminata, al pie del glaciar. En las laderas de los montes martiales están las pistas de esquí del club andino de Ushuaia. Las pistas de esquí más australes del mundo están ubicadas precisamente en la misma cadena Martial y en sus valles, predominando allí la práctica del esquí de fondo.
Otro atractivo, que acapara las preferencias de los turistas, es la navegación en veleros oceánicos, en catamaranes de excursión o en lujosos cruceros. Partiendo del puerto de Ushuaia en cualquiera de las embarcaciones, es posible llegar a la pintoresca Isla de los Lobos, recorrer el canal de Beagle hasta la Estancia Haberton, avistar las costas del Parque Nacional Tierra del Fuego en la Bahía Lapataia y aún internarse en los canales fueguinos , como se conce al laberinto de islas, hielos y estrechas penetraciones del mar a la manera de los fiordos noruegos, que se extienden al sur del Canal Beagle.
Se realizan incluso excursiones en naves especiales de gran porte, con proa a la Antártida, partiendo de Ushuaia, el puerto más cercano al continente blanco.
Existen otros muchos atractivos para ser visitados en este territorio. A manera de ejemplo, días que no parecen terminar, siendo el más largo el 21 de diciembre; o noches intemrinables, como la del 21 de junio, la más larga; o llegar hasta la solitaria y tan peculiar Isla de los Estados, importante reserva faunística de especies autóctonas, donde está ubicado, aunque desactivado, el auténtico Faro del Fin de Mundo; para los cultores de la buena mesa la oportunidad de saborear centollas y cordero fueguino, o comprar artículos en la zona aduanera libre de impuestos, practicar trecking, navegar en kayacs, pescar y realizar cabalgatas o simplemente descubrir el confín austral de la tierra o tocar las aguas en el encuentro de dos océanos.